Benito Pablo Juárez García

| Ciudad de México, 1806

Benito Pablo Juárez García nació el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao, Ciudad de México. Hijo de padres zapotecas, criado en la crudeza de la temprana orfandad, se va a Oaxaca a la edad de doce años con la determinación de agenciarse el acceso a los estudios. En la ciudad entró como aprendiz en el taller de encuadernación de Antonio Salanueva, a quien consideró como su padrino. No sólo entró por primera vez al mundo de los libros sino que descubrió de manera radical la desigualdad en que se sustentaba el acceso a la cultura escrita. Aprendió el español como pudo, renunciando de golpe a la escuela. Ante los designios marcados para los pobres como él: sacerdocio o servicio doméstico, resolvió defender sus propias aspiraciones. Ingresó en el Seminario el 18 de octubre de 1821, pero no para convertirse en clérigo, sino para continuar sus estudios. En 1828 gracias a la apertura del Instituto de Ciencias y Artes en Oaxaca, encontró por fin la escapatoria a la fatalidad: en 1834 la Corte de justicia expide su título de abogado. El Instituto se convirtió en el espacio cultural y político alternativo a la asfixia de la educación tradicional, lo que en ese entonces significaba constituirse en centro de las ideas liberales. Siendo aún estudiante fue elegido regidor del Ayuntamiento de la ciudad.
Con el Partido Liberal en el poder resulta elegido diputado al Congreso del estado de Oaxaca. A fines de la década de 1830 se dedica a ejercer su profesión en las comunidades indígenas sin dejar de participar en los avatares políticos de la ciudad. Así en 1841 lo encontramos como juez de primera instancia en el ramo civil y de Hacienda en la capital del estado, empleo que desempeñó poco tiempo, al producirse la asonada conservadora, conocida por las Bases de Tacubaya.
El 15 de enero de 1847 ingresa a la Respetable Logia Independencia Nro. 2 del Rito Nacional Mexicano. Ocupa diferentes cargos administrativos hasta que se convierte en el gobernador del Estado de Oaxaca.
El 23 de mayo de 1853 Santa Anna, manda a detener a Juárez. En su recorrido va de Tehuacan a Jalapa, de Huamantla a Veracruz y, finalmente a La Habana, para llegar a Nueva Orleáns. El Plan de Ayutla, de marzo de 1854, le sorprendeaún en el destierro. El presidente Juan Álvarez nombra a Juárez Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Desde este ministerio, expidió a fines de 1855, La Ley sobre Administración de Justicia y Orgánica de los Tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios (conocida como Ley Juárez), con la que fueron atacados, por igual, los privilegios de los militares y el clero. En su autobiografía escribió sobre la Ley: “fue la chispa que produjo el incendio de la reforma”.
En 1857 se le nombró ministro de Gobernación y posteriormente fue elegido presidente de la Suprema Corte de Justicia, durante el gobierno del presidente Comonfort. Al desconocer Comonfort la Constitución de 1857 se puso en marcha la Guerra de Reforma. De nuevo Juárez se vio despojado de sus libertades cívicas. A inicios de 1858, al ser liberado, asume la presidencia interina de la nación. Con las Leyes de la Reforma que auspició, enfiladas a la secularización de la sociedad, sentó las bases jurídicas del Estado moderno burgués en México.
En 1861 fue electo constitucionalmente para continuar en la Presidencia. Debido a la Intervención Francesa, en mayo de 1863 tuvo que dejar la capital, desplegando su gobierno desde diferentes puntos del país y como bien expresara Manuel Galich, “sin pensar poner un solo pie al otro lado de la frontera, para mantener vivo el principio constitucional”.
Regresó a la Ciudad de México el 15 de julio de 1867, después de que Maximiliano fue juzgado y fusilado. En octubre de 1867 fue reelecto Presidente de la República; tenía ante sí el tremendo desafío de incorporar las principales reivindicaciones populares con que el proyecto liberal de la Generación de la Reforma se había radicalizado. En 1871, en medio de enconados conflictos y amplias fracturas al interior de la coalición liberal, fue reelecto por última vez como Presidente. Murió el 18 de julio de 1872 con la certeza de que la acción de las leyes era suficiente para conservar intactas las garantías sociales. El incendio que supo mantener vivo ensanchó el contenido de esa certeza.