Las identidades: una mirada desde la psicología. (Re)Pensando las Identidades a través de la Psicología.

| Pedro Alexander Cubas Hernández

Dicha frase no sólo sirve de culminación al libro Las identidades. Una mirada desde la psicología de Carolina de la Torre Molina sino también es una propuesta que constituye un grande acicate para continuar reflexionando e investigando en torno a una temática de imprescindible conocimiento para comprender el mundo diverso y complejo de hoy. Esto es una apuesta personal de la autora.*

Este libro fue publicado inicialmente en el 2001 (Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello) y en este año ha sido reeditado (Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello y Ruth Casa Editorial). El tema de las identidades ocupa un lugar prominente en la obra científica de la autora, lo cual se demuestra en trabajos producidos por ella anteriormente: Psicología latinoamericana: entre la dependencia y la identidad (1995) reconocido por la Academia de Ciencias de Cuba como «Resultado destacado de la Investigación Científica» en 1996 ; “Conciencia de mismidad: identidad y cultura cubana (ver: Temas, 2, 1995) e “Identidad nacional del cubano: avances de un proyecto (consultar: Revista Cubana de Psicología, XII, 3, 1995; y Revista Latinoamericana de Psicología, 29, 2,1997). Dichos textos son los antecedentes de Las identidades, que en el 2002 recibió dos lauros muy importantes en el entorno de las ciencias sociales: el Premio Catauro Cubano (entregado por la Fundación Fernando Ortiz) y el Premio de la Crítica (de la Academia de Ciencias de Cuba y el Instituto Cubano del Libro).

El cuerpo del trabajo consta de siete capítulos. En el primero, que fue concebido a modo de introducción, la autora explica por qué la identidad constituye un tema de debate actual y sobre todo señala en qué sentido la identidad es una necesidad existencial. En el segundo analiza brevemente varios conceptos de identidad; esboza una noción más general y comenta sus aplicaciones. Esto lo vincula con un asunto más específico como el concepto psicológico de identidad cuyo basamento está en las identidades humanas (tercer capítulo). Los aspectos más importantes son: cómo se interpreta la identidad en la psicología; la reflexividad; lo que aportan la memoria y la narración; la interrelación dialéctica entre el realismo y el construccionismo; y las identidades humanas como «otra» definición. En los capítulos cuarto, quinto y sexto examina la formación y transformaciones de las identidades individuales reconociendo el valor de la impronta de la cultura; presenta sus aproximaciones al estudio de las identidades colectivas a través de dos enfoques básicos («objetivo» y perceptivo) e incluye el análisis de discurso como técnica de investigación cualitativa muy útil para este empeño y expone los referentes teóricos relativos a la conformación y transformaciones de las identidades colectivas (ejemplificó con la formación de la identidad nacional cubana). Para concluir y, al unísono, dejar abierto el tema reflexiona sobre el vínculo existente entre globalización e identidad en los umbrales del nuevo milenio; y cuestiona una alternativa de actualidad expresada de forma dicotómica: ¿La globalización que nos unifica o el imperialismo que nos diferencia?

Las fuentes bibliográficas y publicísticas, relativas al tema central de la presente obra, que le sirvieron de apoyo son de primer nivel. Además, expuso un anexo bibliográfico que consta de un cúmulo de obras y autores útiles para reflexionar en torno a la identidad nacional cubana y su formación. Esto es un aporte del libro porque sistematiza una buena parte de la información disponible para esa temática y de hecho lo convierte en un texto casi imprescindible para sus estudiosos.

El tema central de este libro es el estudio de las identidades sociales tanto individuales como colectivas desde un prisma psicológico. La autora reconoce que actualmente se discuten tópicos en torno a las identidades en los contextos académicos, profesionales y políticos porque tienen relación con necesidades y políticas institucionales, y sobre todo con decisiones importantes. Y, por consiguiente, es una cuestión casi insoslayable.

Las identidades constituye a mi modo de ver un texto muy útil y de consulta obligatoria para estudiantes e investigadores de las ciencias sociales, independientemente de las especialidades en las cuales se desempeñen, por las siguientes razones:

1.Exalta la importancia del estudio y la investigación para entrar en el debate sobre cualquier tema con nuestras propias herramientas teóricas y metodológicas; y, además, divulgarlo con el fin de opacar el modismo, que lo involucre, así como la suerte de omisiones y superficialidades analíticas de algunos “estudiosos de la temática .

2.Señala qué aspectos puntuales relativos al tema de las identidades están por resolver en las ciencias sociales. Por tanto, alude a los retos actuales que deben afrontar los cientistas sociales.

3.La autora se propone, con sus reflexiones, a contribuir al movimiento de las ciencias sociales hacia empeños cada vez más humanistas. Por esta razón, exhorta al mundo académico a abrirse más a la denominada «psicología popular».

4.Indica cómo discutir con rigor científico (sin subvalorar o sobre valorar) conceptos tan controvertidos como identidad, posmodernidad y globalización.

5.El ejercicio de crítica tanto bibliográfica como de contenido es de alto nivel no sólo por el conocimiento profundo del tema mostrado por la autora sino también por el respeto que muestra ante las opiniones bien fundamentadas que no coinciden con su modo de pensar.

6.Desde el punto de vista metodológico en esta investigación confluyen (sin opacarse mutuamente) lo empírico y lo teórico. Para la autora fue muy importante la investigación empírica para entender, pensar y organizar los conocimientos y lecturas que efectuó. Pero también su propuesta teórica es relevante porque profundiza en el concepto de identidad valiéndose de una herencia gnoseológica acumulada a lo largo de muchos años y de percepciones personales contrastadas en su propia labor profesional y su vida social.

7.Exhorta a seguir reflexionando acerca de la identidad, es decir, abre otras perspectivas de investigación de un tema con alto nivel de complejidad. En este sentido, ella tomó nota para sí misma pues reconoce que las aristas que no desarrolló en este libro podrán ser presentadas en otro que está por escribir en algún momento.

A lo largo del texto resalta no sólo un estilo propio de escribir de la autora sino también la praxis de quien ha dedicado una gran parte de su vida al magisterio. Si bien el libro está escrito fundamentalmente en primera persona eso no constituyó una limitante para que en ciertos momentos recurriera a la tercera persona para darle participación a su equipo de colaboradores del Marinello egresados de psicología (uno de ellos, Ernesto Marrero, es coautor del tópico “Auto categorización y pertenencia ); y al Dr. Pedro Pablo Rodríguez (historiador), coautor del tema: “La formación de la identidad nacional cubana .

Sin dudas, el discurso escrito está bien redactado pues las ideas quedaron expresadas con nitidez sin menoscabar el rigor científico. En líneas generales, es un texto ameno independientemente de la inclusión de las necesarias cuestiones teóricas que suelen imprimir un carácter denso a la literatura de ciencias sociales.

Las tesis fundamentales de este libro a mi modo de ver son las siguientes:

1. Todas las identidades (tanto individuales como colectivas) tienen un carácter social.

2. La identidad constituye una necesidad cognitiva, cultural (o práctica) y existencial en lo relacionado con la interpretación, conocimiento y construcción del mundo que nos rodea: cómo y quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, a dónde pertenecemos, de qué grupos sociales nos sentimos parte, qué participación tendremos en las decisiones que se tomen son algunas de las interrogantes más generales de esta cuestión las cuales aparecen reiteradamente a lo largo del texto.

3. Para teorizar, pensar e investigar acerca del tema es imprescindible la discusión del concepto de «identidad», así como el establecimiento de un criterio propio.

4. La continuidad y la ruptura (al igual que las dicotomías homogeneidad y heterogeneidad e igualdad y diferencia) son dimensiones básicas de las identidades individuales y colectivas en las cuales siempre ocurren cambios observables.

5. La identidad nunca es estática ni unilateralmente formada. La formación de las identidades individuales y colectivas ocurre a través de un proceso muy complejo de interacciones y mediaciones; de experimentaciones, conquistas y búsquedas personales; de influencias externas y de diferenciaciones activas. La identidad es personalmente construida, pero no “enseñada”.

6. La alteridad no es sólo una necesidad lógica sin la cual es impensable la mismidad, sino que el propio proceso de inclusión diferenciación, conformador de identidad, es imposible fuera del mundo de las relaciones humanas.

7. Es indiscutible la importancia del pasado y el papel de la memoria como soportes de la identidad; pero nuestra conciencia de mismidad es mucho más que el resultado presente de nuestro pasado; es la posibilidad de proyectarnos en el aquí y ahora intencionalmente hacia el futuro.

8. El planteamiento de la dialéctica continuidad y ruptura junto a la relación entre diversidad y unidad, y la discusión sobre los lugares desde los cuales se sigue conformando y construyendo nuestra identidad nacional es un problema actual y abierto.

9. La emergencia de nuevas identidades y de nuevos modos de construcción de todas no nos puede hacer subestimar el papel de las identidades tradicionales, que en todo el mundo ocupan un lugar central, no sólo en los discursos políticos, sino en las ciencias sociales y en la vida cotidiana.

10. El reto mayor se encuentra en defender la importancia de las identidades nacionales y supranacionales sin ahogar, en nombre de esa causa, a otras identidades contenidas en (o cruzadas con) ellas.

Este libro como expresa su autora no aborda únicamente a Cuba (aunque cuando lo escribió pensó mucho en los lectores cubanos) y por eso pretende ayudar a tender un puente entre los grandes problemas de nuestra región latinoamericana y los asuntos más tangibles y cotidianos. En mi opinión, esta obra no sólo constituye una defensa de la legitimidad de las identidades sociales individuales y colectivas en el mundo globalizado del nuevo milenio; sino también es una petición o un clamor en pro de la tolerancia, el respeto y la aceptación hacia quienes tienen un estilo diferente y propio de construir socioculturalmente sus identidades tanto a nivel nacional como internacional (sea en un contexto elitista, un espacio denominado “marginal , totalmente fuera de ambos o en sus límites). Por estas razones, destaco de esta obra el magisterio y la valentía intelectual de su autora así como su deseo de coadyuvar al mejoramiento de la sociedad cubana socializando sus ideas.

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